depende de la calidad ósea inicial, así que en principio no constituye una contraindicación absoluta, ya que con
modificaciones en el protocolo terapéutico se alcanzan resultados similares a personas sin osteoporosis.
Es aconsejable en estos casos hacer una valoración específica del caso y que la decisión sobre el tratamiento se realice
mediante colaboración entre su Equipo Implantológico y el especialista encargado de la enfermedad ósea.